Tulipanes de abril.


AMÉLIE

Amélie esperaba con ansias la exposición de tulipanes que tenía lugar cada año en Abril. Le faltaba poco para ir a ver a sus padres de nuevo.

Aún no sabía que es lo que le atraía de los tulipanes ya que ni olor emanan. Serán los diferentes colores, la fragilidad de sus pétalos, la inocencia del pedúnculo, o tal vez está ligado al hecho de que la temporada de mayor esplendor del tulipán es después de mediados de abril, su mes favorito. Sin lugar a dudas aquella flor le recordaba su niñez y a sus padres. Con 7 años Amélie disfrutó la primera vez de la celebración del tulipán junto a ellos.
Su padre compraba cada año tulipanes blancos para su madre. La madre de Amélie adoraba el tulipán ya que el momento en el que dio a luz a su hija coincidía con la temporada de tulipanes. Cuando sostuvo a Amélie por primera vez en sus brazos lo primero que vio por la ventana,en el jardín de aquel frío hospital, fueron tulipanes blancos.

Con 18 años Amélie abandonó su pueblo y se fue a estudiar a una ciudad lejana, desde entonces visitaba a sus padres cada 3 meses. Pronto encontró un trabajo de secretaria y empezó a estudiar y a trabajar simultáneamente. Dejó de poder ver a su familia cada 3 meses.Volvía a casa una vez al año en Abril, justamente cuando se celebraba la exposición de tulipanes.


ANDREAS

Andreas es un chico alegre. Estudiante de segundo año de Ecología. Sus aficiones son el deporte, las largas caminatas y los viajes. Él es natural, risueño, bromista. El deporte que más le gusta es el fútbol, no se pierde ningún partido de su equipo favorito Vitesse Arnhem y justamente mañana habrá uno.
Andreas salió de casa decidido a ir al centro comercial que tenía más cerca. Se despertó con ganas de comer espinacas y comprarse una nueva chaqueta para estrenar mañana en el partido.

 Llegó al centro comercial y subió a la tercera planta directo al restaurante en el que ya había desayunado días anteriores las mejores espinacas probadas hasta ahora. Se llevó un chasco cuando el mesero le informó que no quedaban espinacas, no le quedó más remedio que pedir otra cosa. Su elección fue unas rebanadas de pan con queso y té. Se dio cuenta que ya eran las 11 de la mañana. Si hubiese llegado antes seguramente habrían quedado espinacas. Después de desayunar se dirige a las diferentes tiendas de ropa y mira atentamente buscando una chaqueta que esté a la altura del partido de mañana. Al final no encuentra ninguna. Irá como siempre con su chaqueta de piel y su bufanda Burberry, lo que más le gustaba de su armario.

Llega a casa y llama a sus a sus amigos para elegir el lugar donde quedar antes de ir al partido. Deciden quedar en el parque más cercano del estadio, Park Sonsbeek, que esta a unos 4,8 km del estadio. Uno de sus amigos le cuenta que habrá una exposición de flores allí. Andreas no muy ilusionado con la información decide quedar a la hora más próxima al partido para no estar allí viendo la aburrida exposición.

DÍA DEL PARTIDO

Andreas comenzó el día con buen pie, había descansado suficiente en la noche. Empezó a recoger su cuarto y fue a probar suerte con su desayuno. Menos mal hoy sí que encontró su desayuno favorito de espinacas. En vez de té eligió beber dos zumos naturales de naranja para un mayor aporte vitamínico. Hoy le harán falta más vitaminas ya que este partido es muy importante para él. Vitesse Arnhem contra Ajax Ámsterdam. Conociéndose muy bien a sí mismo sabe que necesitará fuerzas ya que no parará de gritar hasta quedarse sin voz.

Ya eran las 17 cuando Andreas llegó al parque. Visualizó muchas gradas y escenarios llenos de flores. El parque ya no era el mismo. Todo era una exposición que por la noche se convertiría en una venta ambulante. Por curiosidad se fue acercando a la exposición y viendo los diferentes colores de tulipanes.

Había una tradición. Cada año venían diferentes familias del país y cada persona tenía un asiento asignado con su nombre. Allí se sentaban cuando se cansaban de andar entre tantos tulipanes. En el asiento solían dejar los abrigos que les incomodaban ya que no había perchas.

Andreas ya estaba aburrido y agobiado de tanta gente. Sus amigos estaban tardando más de la cuenta. Cuando se disponía ir a otro lugar del parque para sentarse en un banco vio a una chica que le llamó la atención. Sus ojos se posaron en ella sin saber el por qué.
Ella se acercó a los tulipanes blancos. Eligió uno, lo cogió en su mano, cerro los ojos, se lo acercó a la nariz intentando oler y después lo compró.

Que estupidez, pensó Andreas, intentar oler una flor que no tiene olor.

Él no podía parar de mirarla. La veía andar con seguridad y elegancia , su sonrisa era suave, su pelo rizado y salvaje, su piel blanca hacía un precioso contraste con el color oscuro de sus grandes ojos y de su pelo, ella desprendía inocencia, todo lo contrario a él.

En ese mismo instante su teléfono empezó a sonar. Eran sus amigos, ya habían llegado al parque. El tenía que irse pero no se iría sin conocer la identidad de aquella chica. Andreas vio como dos personas se acercaron a ella. Ella dejó el tulipán blanco en su asiento junto a una hoja de papel y se fue hablando con las dos personas a otra parte del parque.

Seguramente es mayor que yo, pensó Andreas. Se acercó a la silla donde ella había dejado el tulipán blanco. En la silla ponía : Reservado para Amélie Bloem.

Andreas encontró a sus amigos y se fueron al estadio. Era la primera vez que veía un partido de fútbol tan tranquilo. En su cabeza resonaba el nombre de Amélie Bloem. Sus amigos pensaron que estaba indispuesto o enfermo. Vitesse Arnhem ganó el partido, el entusiasmo se apoderó de él y pasó la noche celebrando con sus amigos.

Al día siguiente lo primero que hizo después de desayunar fue buscar en internet a Amélie Bloem.

AMÉLIE

Abril.

Hoy es el día de la vuelta a casa de Amélie. Ella estaba preparando las maletas para ir a visitar a sus padres. Pasará unas semanas junto a ellos e irán al festival del Tulipán que ese año se celebrará en Arnhem. Dos días después celebrarán su cumpleaños.

Amélie salió del coche y lo primero que vio fue a su padre esperando en el porche. Él tenía un enorme ramo de tulipanes blancos en la mano. Ella corrió hacia él y se fundieron en un profundo abrazo. Su padre seguía usando la misma colonia que ella recordaba desde pequeña. Se cogieron de la mano y en silencio entraron en casa.

Amélie vio a su madre en la cocina. Estaba preparando la tarta que cada año preparaba para recibirla. Cuando su madre quiso quitarse el delantal, Amélie sin esperar, la abrazó.
Todos juntos se sentaron a comer en la mesa del comedor. Después de comer se tumbaron en el sofá abrazados y empezaron a recuperar el tiempo perdido contándose todas las novedades que no habían tenido tiempo de contarse por teléfono.

EXPOSICIÓN

El padre de Amélie tenía pensado ir a la exposición y al partido de fútbol que se jugaba después.
Amélie se levantó aún con sueño de la cama. Tenía muchas cosas que hacer, quería estar perfecta para la exposición.

Desayunaron todos juntos en el salón leche con galletas de mantequilla, hechas ayer por Amélie y su madre. Recogieron la cocina e hicieron un poco de limpieza en casa. Se empezaron a preparar poco a poco ya que en la casa había solo un baño. La primera que se bañó fue la madre de Amélie, ella tardaba muchísimo en prepararse. Amélie se parecía más a su padre. Los dos eran mas simples y adoraban las imperfecciones. Amélie se dejó los rizos al aire y eligió un vestido simple para la ocasión.

Llegaron a la exposición a tiempo. Habían millones de tulipanes de infinidad de colores. Sus padres se quedaron hablando con unos amigos mientras ella se fue directamente hacia los tulipanes blancos. Después de mirar y rebuscar entre ellos al fin encontró un tulipán que le llamó la atención. Lo cogió entre sus manos y lo llevó hacia la nariz aún sabiendo que no tenía olor.
Su padre había traído un ramo de tulipanes para su madre justo cuando ella cumplió 3 años. Ella intentó olerlos y se dio cuenta de que no tienían olor, ese es el primer recuerdo que ella guarda de los tulipanes y desde entonces siempre los huele.

Amélie compra el tulipán blanco y se va a buscar su asiento reservado. Sus padres se acercan. Ella deja el tulipán blanco en la silla y se va junto a ellos para saludar a otros amigos de la familia.
Después de unas horas la celebración se acaba. Amélie y su madre se van a casa mientras que su padre se va a ver el partido de fútbol.

Dos días después Amélie celebra su cumpleaños al lado de sus padres y otros miembros de la familia. Ella está feliz y triste a la vez, ya que le encanta estar con toda la familia pero tiene el síndrome de Peter Pan. No le gusta nada cumplir años. Ya tiene 25 años.

Dos semanas después vuelve a la ciudad para seguir con sus estudios y su trabajo.

AÑO SIGUIENTE

Una semanas antes de volver a casa y ver a sus padres, Amélie recibe por correo un ramo enorme de tulipanes blancos con una nota en la que pone: ``Te vi hace 1 año en la exposición de tulipanes, espero volver a verte en la misma celebración, este año.´´ - Andreas
Amélie se queda paralizada estrechando con fuerza el ramo de tulipanes en sus brazos. No tenía ni idea de quien podría ser aquel Andreas. Intenta recordar todas las caras de las personas que vio en aquella celebración pero no recuerda ninguna que pueda pertenecer a un tal Andreas. Era la primera vez que recibía tulipanes de otro hombre que no fuese su padre.

EXPOSICIÓN

Amélie lleva 5 días en casa de sus padres. Esta muy nerviosa. La noche la ha pasado sin poder dormir. Se levanta de la cama, se sienta con sus padres a desayunar pero no puede comer nada. A sus padres ya les había hablado de Andreas y del ramo de tulipanes. Esta vez Amélie decide ir por su cuenta a la exposición y encontrarse con sus padres allí. 
Era su primera cita. No sabía con que vestirse, como llevar el pelo. Estaba hecha un manojo de nervios y emociones. Decidió ducharse y vestirse siendo ella misma, con un vestido lo mas natural y sencillo posible. El pelo se lo dejó suelto adornado por una peineta azul en un lateral.

Llegó a la exposición a las 17 de la tarde. Al ver los hermosos tulipanes empezó a sonreír. Como siempre fue directa a mirar los tulipanes blancos. Después de elegir un tulipán se agachó a recogerlo. Al levantarse y mirar al frente vio a un chico mirándola sonriente. Sin duda él era Andreas: alto, rubio, y en sus ojos podías ver el mar azul.

Él empezó a acercarse a ella sonriendo, ella hundía cada vez más sus pies en la tierra. Tenía ganas de irse corriendo. Sentía que el suelo se movía bajo sus pies.

-Hola Amélie -dijo Andreas.
-Hola Andreas- contestó Amélie.
- Toma, esto es para ti -se acercó Andreas para entregarle el ramo de tulipanes.
- Muchísimas gracias -le contestó con una sonrisa Amélie.
- ¿ Quiéres pasear?- le preguntó Andreas.
- No me vendría mal -afirmó Amélie.
Andreas cogió la mano de Amélie y se fueron caminando.


Amélie se enamoró irremediablemente del mar que veía en los ojos de Andreas y de la voz grave que tienía.

Los padres de Amélie los miraban pasear desde lejos, estaban felices por su hija. Por fin tenía su primera cita a los 25 años.

Andreas había esperado todo un año para volver a ver a Amélie, y no pensaba en desperdiciar más el tiempo sin ella.

-¿Puedo volver a verte?- preguntó Andreas después de llevar a Amélie a la puerta de su casa.
-Claro- contestó Amélie.
-¿Mañana?- insistió Andreas.
-No querrás parecer ansioso - dijo Amélie.
-No me importa, llevo esperando verte un año - respondió Andreas.
Los dos empezaron a reír.






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